Introducción

Zacarías 1:1–17: Las profecías de Zacarías datan de los años 520 a 518 a.C. Están mayormente en forma de visiones y tratan sobre la restauración de Jerusalén, la reconstrucción del templo, la purificación del pueblo de Dios y la era mesiánica por venir. La lectura para hoy llama al pueblo a volver al Señor y continúa con la primera visión de Zacarías (hay ocho en total, registradas en los capítulos 1—6).

Versículo bíblico para hoy: Zacarías 1:3 DHH

[El Señor dijo]: “… vuélvanse a mí, y yo me volveré a ustedes.”

Lectura

1 En el mes octavo del año segundo del gobierno del rey Darío, el Señor dirigió este mensaje al profeta Zacarías, hijo de Berequías y nieto de Idó. Le dijo:

2-3 «Yo, el Señor todopoderoso, me enojé mucho con los antepasados de ustedes. Por eso, dile ahora de mi parte al pueblo: “Vuélvanse a mí, y yo me volveré a ustedes. Yo, el Señor, lo afirmo. No hagan como sus antepasados, a quienes los antiguos profetas les dijeron de parte mía que abandonaran su mala conducta y sus malas acciones, pero ellos no quisieron escucharme ni hacerme caso. Yo, el Señor, lo afirmo. Pero ahora, ¿dónde están aquellos antepasados de ustedes? ¿Acaso vivirán siempre los profetas? Sin embargo, mis palabras y mandatos, que yo había encomendado a mis siervos los profetas, llegaron a los antepasados de ustedes. Y ellos se volvieron a mí, reconociendo que yo, el Señor todopoderoso, los había tratado como su conducta y sus acciones merecían.”»

Éste es el mensaje que yo, el profeta Zacarías, hijo de Berequías y nieto de Idó, recibí del Señor el día veinticuatro del mes once (el llamado mes de Sebat) del año segundo del gobierno del rey Darío. Una noche tuve esta visión: Vi un jinete montado en un caballo rojo. Estaba parado en un valle, entre unos arrayanes, y detrás de él había un grupo de caballos, unos rojos, otros castaños y otros blancos. Yo pregunté: «Señor, ¿quiénes son esos jinetes?» Y el ángel que hablaba conmigo me contestó: «Yo te mostraré quiénes son.» 10 Entonces el que estaba entre los arrayanes dijo: «Éstos son los que el Señor ha enviado a recorrer toda la tierra.»

11 Los jinetes le dijeron entonces al ángel del Señor que estaba entre los arrayanes: «Hemos recorrido toda la tierra, y la hemos encontrado tranquila y en paz.» 12 El ángel del Señor dijo: «Señor todopoderoso, hace ya setenta años que estás enojado con Jerusalén y con las ciudades de Judá. ¿Cuánto tiempo habrá de pasar aún antes de que vuelvas a tenerles compasión?»

13 El Señor respondió con bondadosas palabras de consuelo al ángel que hablaba conmigo, 14 y luego el ángel me ordenó que anunciara: «Esto dice el Señor todopoderoso: “Yo amo profundamente a Jerusalén y al monte Sión. 15 Por eso mi furor se ha encendido contra esas naciones despreocupadas que, cuando yo estaba poco enojado, ayudaron a agravar la maldad. 16 Por lo tanto, yo, el Señor, digo: Ahora me he vuelto con compasión a Jerusalén, y voy a hacer que el templo y toda la ciudad sean reconstruidos.”»

17 El ángel me dijo además: «Anuncia también esto: “El Señor todopoderoso dice: Voy a hacer que mis ciudades prosperen mucho otra vez; voy a dar nuevo aliento a Sión, y voy a proclamar de nuevo a Jerusalén como mi ciudad elegida.”»

Reflexiona

Esta primera visión es la de caballos y jinetes enviados a inspeccionar la tierra. ¿Qué observan los jinetes? El período de setenta años (versículo 12) es un número redondo para los años 586–520 a.C., correspondiente aproximadamente al exilio babilónico. El exilio terminó en 538 a.C. y muchos del pueblo regresaron a Judá, pero no cumplieron con su promesa de reconstruir el templo en Jerusalén. En el año 520 a.C., Zacarías se unió al profeta Hageo para animar al pueblo de Jerusalén a completar la obra de reconstrucción del templo. Vuelve a leer los versículos 13–17. ¿Qué promete el Señor? ¿Alguna vez has sentido el impulso de Dios para cumplir una promesa? ¿Hay algo que necesites reconstruir en tu vida hoy?

Ora

Dios todopoderoso, tú nos consuelas con tu amor y cuidado. Cuando nos desviamos, nos llamas misericordiosamente de regreso a ti. Enséñame tus caminos, Señor, para que aprenda a servirte con un corazón obediente. Amén.

Lectura para mañana

Mateo 5:1–12: Jesús enseña a las multitudes desde una montaña.