Introducción

1 Samuel 1:1–18: Hoy comenzamos a leer extractos del libro de 1 Samuel, que narra la transición de Israel del período de los jueces a la monarquía. Este gran cambio cultural gira en torno a las vidas de tres hombres: Samuel, el último de los grandes jueces; Saúl, el primer rey de Israel; y David, cuyas primeras aventuras antes de llegar al poder se entrelazan con los relatos de Samuel y Saúl. La lectura para hoy nos presenta a Ana, que es estéril y atormentada por la otra esposa de su marido, Penina. Mientras se encuentra en la casa del Señor en Silo, Ana ora a Dios pidiéndole un hijo, y el sacerdote Elí escucha su oración.

Versículo bíblico para hoy: 1 Samuel 1:11

[Ana oró:] “Señor todopoderoso: Si te dignas contemplar la aflicción de esta sierva tuya, y te acuerdas de mí y me concedes un hijo, yo lo dedicaré toda su vida a tu servicio, y en señal de esa dedicación no se le cortará el pelo.”

Lectura

1 En un lugar de los montes de Efraín, llamado Ramá, vivía un hombre de la familia de Suf, cuyo nombre era Elcaná. Era hijo de Jeroham y nieto de Elihú. Su bisabuelo fue Tohu, hijo de Suf, que pertenecía a la tribu de Efraín. Elcaná tenía dos esposas. Una se llamaba Ana, y la otra Peniná. Peniná tenía hijos, pero Ana no los tenía. Todos los años salía Elcaná de su pueblo para rendir culto y ofrecer sacrificios en Siló al Señor todopoderoso. Allí había dos hijos del sacerdote Elí, llamados Hofní y Finees, que también eran sacerdotes del Señor.

Cuando Elcaná ofrecía el sacrificio, daba su ración correspondiente a Peniná y a todos los hijos e hijas de ella, pero a Ana le daba una ración especial, porque la amaba mucho, a pesar de que el Señor le había impedido tener hijos. Por esto Peniná, que era su rival, la molestaba y se burlaba de ella, humillándola porque el Señor la había hecho estéril.

Cada año, cuando iban al templo del Señor, Peniná la molestaba de este modo; por eso Ana lloraba y no comía. Entonces le decía Elcaná, su marido: «Ana, ¿por qué lloras? ¿Por qué estás triste y no comes? ¿Acaso no soy para ti mejor que diez hijos?»

En cierta ocasión, estando en Siló, Ana se levantó después de la comida. El sacerdote Elí estaba sentado en un sillón, cerca de la puerta de entrada del templo del Señor. 10 Y Ana, llorando y con el alma llena de amargura, se puso a orar al Señor 11 y le hizo esta promesa: «Señor todopoderoso: Si te dignas contemplar la aflicción de esta sierva tuya, y te acuerdas de mí y me concedes un hijo, yo lo dedicaré toda su vida a tu servicio, y en señal de esa dedicación no se le cortará el pelo.»

12 Como Ana estuvo orando largo rato ante el Señor, Elí se fijó en su boca; 13 pero ella oraba mentalmente. No se escuchaba su voz; sólo se movían sus labios. Elí creyó entonces que estaba borracha, 14 y le dijo:

—¿Hasta cuándo vas a estar borracha? ¡Deja ya el vino!

15 —No es eso, señor —contestó Ana—. No es que haya bebido vino ni ninguna bebida fuerte, sino que me siento angustiada y estoy desahogando mi pena delante del Señor. 16 No piense usted que soy una mala mujer, sino que he estado orando todo este tiempo porque estoy preocupada y afligida.

17 —Vete en paz —le contestó Elí—, y que el Dios de Israel te conceda lo que le has pedido.

18 —Muchísimas gracias —contestó ella.

Luego Ana regresó por donde había venido, y fue a comer, y nunca más volvió a estar triste.

Reflexiona

En el mundo bíblico, los hijos eran considerados una señal de la bendición de Dios (Salmos 127:3–5). ¿Qué podría haberle estado diciendo Penina a Ana? ¿Cómo describirías la aflicción de Ana? ¿Qué pensó Elí al observar a Ana orando? Como señal de dedicación al Señor, Ana prometió que el cabello de su hijo nunca sería cortado (versículo 11). Esto estaba en consonancia con un voto nazareo (la palabra raíz en hebreo significa «separar»). Los nazareos eran personas que se dedicaban a mantenerse ritual y moralmente puras y a servir a Dios (véase Números 6:1–8).

Ora

Dios fiel y amoroso, me dedico a adorarte y alabarte por todas las bendiciones que me das. Dirige mis pasos en este día para que todo lo que haga y diga sea agradable a tus ojos. Oro en tu santo nombre. Amén.

Lectura para mañana

1 Samuel 1:19–28: El Señor responde la oración de Ana.