Introducción

Ezequiel 10:1–22: En la lectura para hoy, Ezequiel ve la gloria divina —la presencia local de Dios— abandonar el templo, porque el pueblo, por su idolatría y rebelión, había hecho impuros tanto la tierra como el templo. El capítulo ofrece una descripción vívida de las criaturas de cuatro alas. (Nota: sería bueno que leas el capítulo 9, que describe el castigo de Jerusalén).

Versículo bíblico para hoy: Ezequiel 10:18a DHH

Entonces la gloria del Señor se elevó de encima del templo.

Lectura

10 Luego vi que, encima de la bóveda que estaba sobre las cabezas de los seres alados, apareció algo así como un trono que parecía de zafiro. Y el Señor dijo al hombre vestido de lino: «Métete entre las ruedas del carro, debajo de los seres alados, y toma un puñado de brasas encendidas, de esas que están en medio de los seres alados, y espárcelas sobre la ciudad.»

Y vi cómo el hombre se metió. En ese momento los seres alados estaban al sur del templo, y una nube llenaba el atrio interior. Entonces la gloria del Señor se elevó de encima de los seres alados y se dirigió a la entrada del templo; y la nube llenó el templo, y el atrio se iluminó con el resplandor de la gloria del Señor. El ruido que hacían las alas de los seres alados se oía hasta en el atrio exterior. Era como si el Dios todopoderoso estuviera hablando. Entonces el Señor ordenó al hombre vestido de lino que tomara fuego de entre las ruedas del carro, de en medio de los seres alados. El hombre fue y se puso junto a una de las ruedas. 7-8 Debajo de las alas de los seres alados se veía algo así como una mano de hombre. Uno de ellos extendió la mano hacia el fuego que estaba en medio y, tomando un poco, se lo puso en las manos al hombre vestido de lino, el cual lo tomó y se fue. Junto a los seres alados vi cuatro ruedas, una junto a cada uno de ellos. Las ruedas brillaban como si fueran de topacio. 10 Las cuatro ruedas eran iguales y parecían estar una dentro de la otra. 11 Cuando los seres alados avanzaban en una de las cuatro direcciones, no tenían que volverse, sino que avanzaban en la dirección en que iba el de adelante. 12 Su cuerpo, sus espaldas, sus manos y sus alas estaban llenos de reflejos por todos lados, lo mismo que las cuatro ruedas. 13 Yo mismo oí que a las ruedas también les daban el nombre de «carro». 14 Cada ser alado tenía cuatro caras: la primera cara era la de un toro; la segunda, la de un hombre; la tercera, la de un león; y la cuarta, la de un águila. 15 Estos seres son los mismos que yo había visto junto al río Quebar.

Los seres alados se levantaron, 16 y cuando ellos avanzaban, también avanzaban las ruedas; y cuando alzaban las alas para levantarse del suelo, las ruedas no se apartaban de su lado; 17 cuando se detenían, se detenían también las ruedas; y cuando se levantaban, se levantaban también las ruedas, porque las ruedas formaban parte viva de ellos.

18 Entonces la gloria del Señor se elevó de encima del templo y se colocó sobre los seres alados. 19 Éstos alzaron las alas y se levantaron del suelo. Yo vi cómo se levantaron, con las ruedas a su lado, y cómo se detuvieron en la puerta oriental del templo del Señor. La gloria del Dios de Israel estaba encima de ellos. 20 Eran los mismos seres alados que yo había visto debajo del Dios de Israel, junto al río Quebar. Entonces me di cuenta de lo que eran. 21 Cada uno de ellos tenía cuatro caras y cuatro alas, y debajo de las alas se veía algo que parecía manos de hombre. 22 Las caras tenían la misma apariencia que las de los seres alados que yo había visto junto al río Quebar. Cada uno avanzaba de frente.

Reflexiona

La gloria de Dios a menudo se asocia con una luz brillante o con fuego. Las criaturas de cuatro alas son las mismas que se le aparecieron a Ezequiel en su primera visión (capítulo 1; véase la lectura del 1 de mayo). En la lectura para hoy, Ezequiel observa cómo las criaturas aladas llevan la presencia del Señor desde la entrada del templo hasta la puerta oriental del atrio, una entrada principal al área del templo, también conocida como «la puerta del Señor» (véase Salmos 118:20). ¿Cuál es el significado de este acontecimiento? El hombre vestido de lino fue presentado en Ezequiel 9:2 y puede ser un ángel (véase Daniel 10:4–11). En el versículo 2 de la lectura para hoy, ¿qué se le ordena hacer a este hombre? Las brasas del altar del templo tenían el poder de purificar (véase Isaías 6:6–7). Sin embargo, aquí las brasas deben ser esparcidas por toda la ciudad, lo cual indica el juicio y el castigo de Dios (véase Apocalipsis 8:5). ¿Qué te enseña la lectura para hoy acerca de Dios y de su juicio?

Ora

Dios de gloria, solo tú eres digno de alabanza. Cuando no hago lo que está de acuerdo con tu voluntad y percibo que estoy separado de tu presencia, sé que puedo volver a ti con un corazón humilde y arrepentido, y ser restaurado y reconciliado contigo. Gracias por tu amor constante. Amén.

Lectura para mañana

Ezequiel 11:14–25: Promesa de Dios para los exiliados.