Lectio Divina

24 febrero 2019

24 febrero 2019

Altos llamados Séptimo Domingo en Tiempo Ordinario Lectura de Lucas 6:27–38

El amor a los enemigos

(Mt 5.38-48; 7.12)

27»Pero a ustedes que me escuchan les digo: Amen a sus enemigos, hagan bien a quienes los odian,28bendigan a quienes los maldicen, oren por quienes los insultan.29Si alguien te pega en una mejilla, ofrécele también la otra; y si alguien te quita la capa, déjale que se lleve también tu camisa.30A cualquiera que te pida algo, dáselo, y al que te quite lo que es tuyo, no se lo reclames.31Hagan ustedes con los demás como quieren que los demás hagan con ustedes.

32»Si ustedes aman solamente a quienes los aman a ustedes, ¿qué hacen de extraordinario? Hasta los pecadores se portan así.33Y si hacen bien solamente a quienes les hacen bien a ustedes, ¿qué tiene eso de extraordinario? También los pecadores se portan así.34Y si dan prestado sólo a aquellos de quienes piensan recibir algo, ¿qué hacen de extraordinario? También los pecadores se prestan unos a otros, esperando recibir unos de otros.35Ustedes deben amar a sus enemigos, y hacer bien, y dar prestado sin esperar nada a cambio. Así será grande su recompensa, y ustedes serán hijos del Dios altísimo, que es también bondadoso con los desagradecidos y los malos.36Sean ustedes compasivos, como también su Padre es compasivo.

No juzgar a otros

(Mt 7.1-5)

37»No juzguen a otros, y Dios no los juzgará a ustedes. No condenen a otros, y Dios no los condenará a ustedes. Perdonen, y Dios los perdonará.38Den a otros, y Dios les dará a ustedes. Les dará en su bolsa una medida buena, apretada, sacudida y repleta. Con la misma medida con que ustedes den a otros, Dios les devolverá a ustedes.»

Otras lecturas:

1 Samuel 26:2, 7–9, 12–13, 22–23, 1 Corintios 15:45–49

Lectura

Jesús tiene un plan para atraer a los hombres y las mujeres a su compañía. Utiliza sanaciones para atraer a grandes multitudes a su compañía. Una vez reunidos, los atrae como predicador, agitando sus corazones hacia un compromiso más profundo a sí mismo y su mensaje. Todo esto se hace en preparación, para tener la oportunidad de enseñarles sobre cómo serán sus vidas como estudiantes en el nuevo reino de Dios.

Esta semana, Jesús el predicador se convierte en Jesús el maestro, mientras continúa con el Sermón del llano. La semana pasada presenciamos las grandes multitudes que se reunían para escuchar a Jesús. Ahora están listos. Jesús, el gran maestro, comienza a hablar.

Jesús comienza estableciendo su mandamiento de que, si van a ser sus discípulos, tendrán que amar a sus enemigos y hacer el bien a quienes los odian. Él espera que sus seguidores bendigan a quienes los maldicen y oren por quienes los maltratan. La idea bíblica del amor difiere del sentido moderno de la palabra. En la Biblia, demuestras amor al permanecer unido y en relación con los demás, típicamente, miembros de tu grupo familiar. Por el contrario, cuando alguien odia en el mundo bíblico, se ha separado de una relación interpersonal. El amor es mantenerse conectado. El odio es romper la conexión. Recuerda la enseñanza desafiante de Jesús de Lucas 14:26, que para ser su discípulo tendremos que amarlo, y odiar, incluso, a nuestros padres. En la superficie esto es absurdo, pero visto desde esta perspectiva, es una invitación a separarte de la provisión de los padres y unirte a Jesús como tu maestro.

Jesús continúa con su sermón. Si alguien te pega en una mejilla, ofrécele también la otra. No tomes represalias; da tiempo para que otra persona intervenga. Guarda la paz. Si alguien te quita la capa, déjale que se lleve también tu camisa (una prenda interior). Si alguien toma lo que te pertenece, no lo exijas de vuelta. Estas son las grandes expectativas que Jesús establece para aquellos que quieren seguirlo.

¿Dónde se encontrarían sus futuros discípulos en estas posiciones particulares y comprometidas? ¡Lo más probable es que Jesús haga referencia a miembros del ejército romano, agentes de aquellos que gobiernan a Israel con puño de hierro! Los soldados podrían golpearte en cualquier momento. No te defiendas. Podrían exigir tu capa. Si lo hacen, avergüénzalos ofreciendo también tu prenda interior. Si se llevan tu burro, no pierdas el tiempo exigiendo que te lo devuelvan. Pueden forzarte a salir de tu camino por una milla, ¡así que ofréceles dos! Dóblate. ¡Mantente conectado! Sé testigo en todo momento.

Entonces Jesús enseña la «regla de oro». Haz a los demás lo que quieres que te hagan a ti. Este es otro alto llamado. Jesús les recuerda a los discípulos que incluso los pecadores aman a sus amigos y familiares. ¿Y dónde está el mérito? ¿Por qué deberías ser honrado si solo amas a aquellos que ya te aman? Jesús quiere que sus seguidores amen a sus enemigos, incluso si son señores militares que encarnan la agresión y la opresión. ¡Han de hacer el bien a los mismos enemigos que los odian!

Vives de esta manera para ser un testigo. Dios envía su lluvia sobre el justo y el injusto. Jesús promete que la obediencia a esta enseñanza resultará en una gran recompensa en el cielo. Además, sus discípulos también serán llamados hijos del Altísimo, hijos de Dios. Serán los agentes de Dios en el mundo, y revelarán a los santos y pecadores que el Altísimo es amable, incluso con los ingratos y los malvados. Jesús exige que sus discípulos no juzguen, no condenen, y no retengan el perdón, de los miembros de la familia o de los enemigos. ¡Este es un verdadero desafío! Jesús se lo da a los hombres y mujeres que lo han experimentado como sanador y predicador. Ahora, lo conocen como maestro, como uno que enseña con una autoridad única. ¿Cuál será tu respuesta? ¿Qué es lo tuyo?

Meditación

Deja de juzgar. Deja de condenar. Entonces, no serás juzgado o condenado. Perdona, y serás perdonado. Este ha sido un desafío continuo para los cristianos. El autor del Evangelio de Juan sintió la necesidad de recordarle a su comunidad que «Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino que [lo envió] para salvarlo por medio de él» (Juan 3:17). Parece que incluso la iglesia primitiva necesitaba un recordatorio continuo de que Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores. Ese fue su llamado, y se convierte en el nuestro también. Es fácil caer en un hábito de juicio y condena. Cuando juzgamos y condenamos, excluimos al Espíritu Santo y privamos al mismo Espíritu Santo de una oportunidad para romper las viejas barreras y hacer brillar una nueva luz en el mundo. En Cristo, nuestros antiguos enemigos pueden convertirse en nuestros nuevos hermanos, hermanas, amigos.

En general, tú y yo no vivimos en un mundo con enemigos tan obvios como los romanos en el tiempo de Jesús. Gobernaron con una eficiencia tal, que aplastaba a cualquiera que se atreviera a oponerse a su Imperio. Es en ese contexto que Jesús desafía a sus discípulos al amor. Él desafía a sus discípulos a encontrar formas de unirse a enemigos de por vida, para que incluso esos enemigos puedan ser cambiados, transformados, por el mensaje de salvación. ¿Cómo es eso para ti? ¿A quién consideras un enemigo? ¿Por qué? ¿Puedes ver más allá del dolor y la separación en el alma de esa persona? Trata de verlos como Dios los ve, recordando que él es amable y misericordioso. Dios envía la lluvia sobre justos e injustos por igual. Piensa en esto mientras te preparas para asistir a tu iglesia esta semana.

Oración

Nuestra respuesta en oración esta semana será la oración por la paz de san Francisco de Asís.

Señor, haz de mí un instrumento de tu paz: donde haya odio, ponga yo amor, donde haya ofensas, ponga yo perdón, donde haya duda, ponga yo fe, donde haya desesperanza, esperanza; donde haya tinieblas, luz, donde haya tristeza, alegría.

Oh Divino Maestro, haz que no busque tanto el ser consolado como consolar, el ser comprendido como comprender, el ser amado como amar. Porque dando es como se recibe, perdonando se como se es perdonado y muriendo es como se resucita para la vida eterna.

Contemplación

Aprendemos de nuestros hermanos judíos que los hechos sobrepasan los credos a la vista de nuestro Dios amoroso. No me digas lo que crees, sin mostrarme la fe, por tus acciones, por la manera en que vives, para que todo el mundo vea. El autor de la carta de Santiago en el Nuevo Testamento presenta este mismo principio. Él promete: «te mostraré mi fe con mis hechos» (Santiago 2:14–18). Reconocerás a los cristianos auténticos por la manera en que actúan con los demás. Entonces, ¿cuál es el desafío de Jesús en esta semana? ¡El Evangelio termina con una advertencia para dar a otros, sabiendo que, cuando lo hagas, Dios se inclinará a darte regalos generosamente!

Pero ¿por dónde empezar? Las tres obligaciones de una persona judía de fe son: orar (dos veces al día), ayunar (un día al año) y dar limosna, de manera generosa y coherente, a todos los que la merecen. Intenta poner tu fe en acción esta semana. Ora para que Jesús te muestre a las personas necesitadas. Cuando te sean reveladas, dales generosamente. Esta expresión activa de fe complacerá al Padre y también será una bendición para ti.