Lectio Divina

12 abril 2020

12 abril 2020

Llegamos a la fe por etapas Domingo de Pascua Lectura de Juan 20:1–9

El sepulcro vacío

(Mt 28.1-10; Mc 16.1-8; Lc 24.1-12)

1El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro muy temprano, cuando todavía estaba oscuro; y vio quitada la piedra que tapaba la entrada.2Entonces se fue corriendo a donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, aquel a quien Jesús quería mucho, y les dijo:

—¡Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde lo han puesto!

3Pedro y el otro discípulo salieron y fueron al sepulcro.4Los dos iban corriendo juntos; pero el otro corrió más que Pedro y llegó primero al sepulcro.5Se agachó a mirar, y vio allí las vendas, pero no entró.6Detrás de él llegó Simón Pedro, y entró en el sepulcro. Él también vio allí las vendas;7y además vio que la tela que había servido para envolver la cabeza de Jesús no estaba junto a las vendas, sino enrollada y puesta aparte.8Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro, y vio lo que había pasado, y creyó.9Pues todavía no habían entendido lo que dice la Escritura, que él tenía que resucitar.

Otras lecturas:

Hechos 10:34a, 37-43, Colosenses 3:1-4

Lectura

María Magdalena llega a la tumba el domingo, el primer día de la semana para el pueblo judío, tan pronto como la luz de la mañana le permite viajar con seguridad. ¿Por qué tan temprano? Ella esperó el final de sábado y las restricciones de viaje impuestas por la ley judía. El sábado terminaba oficialmente la noche anterior, cuando las tres primeras estrellas aparecían en el cielo nocturno. Una vez terminado el sábado, María había ido al mercado a comprar los suministros que necesitaba para preparar el cuerpo de Jesús para su transporte y posterior entierro en Nazaret. Tal vez en Nazaret, esperaba ella, Jesús sería honrado con un entierro adecuado, tal vez cerca de la tumba de su padre adoptivo José. Las especias que había adquirido se utilizarían para envolver el cuerpo de su rabí en previsión del viaje de noventa millas hacia el lugar de su descanso final.

María llega al sepulcro y ve que la piedra ya ha sido removida. La cámara funeraria está vacía. El cuerpo de Jesús ha sido movido. Con pánico corre a donde estaba Pedro, quien, con otro discípulo, generalmente identificado como el apóstol Juan, vuelve a la tumba para examinar la prueba de su descubrimiento discordante. Más joven y más rápido que Pedro, Juan llega primero y mira al sepulcro desde la entrada. En el griego del periodo del Nuevo Testamento él blepo, o «miró», la prueba que estaba dentro del sepulcro. Luego, Pedro llega a la escena y entra en el sepulcro. Nuestro autor evangélico usa una palabra griega diferente para describir la experiencia de Pedro. La palabra griega thereo se utiliza para describir cómo Pedro vio la evidencia del sepulcro vacío. Thereo es la raíz griega de nuestra palabra española «teoría». Pedro examina críticamente la prueba del sepulcro vacío. Por último, Juan también entró y «vio y creyó». La palabra griega bajo «vio» en este caso es ido, y significa «obtener una compresión inteligente». Juan junta todas las piezas del rompecabezas y cree.

Meditación

Llegamos a la fe por etapas. Al igual que María Magdalena y los apóstoles Pedro y Juan en el día de la resurrección, tenemos que trabajar a través de las etapas del pensamiento crítico, considerando el significado y las consecuencias de los acontecimientos del Evangelio. Han caminado con Jesús a través de su pasión y su cruz y ahora se paran juntos en la tumba vacía. ¿Dónde están los guardias? ¿Por qué la ropa del entierro yace en lugares separados? ¿Dónde está el cuerpo de Jesús? Tantas preguntas sin respuestas, pero saben que el cuerpo de Jesús se ha ido.

Honramos a María y estos apóstoles por su capacidad de pensamiento crítico. Juan nos recuerda en una frase entre paréntesis (véase el versículo 9) que él y Pedro no comprendieron a partir de la Escritura, incluso en ese momento en el sepulcro, que Jesús debía resucitar de entre los muertos. Su crucifixión y su muerte los habían conmovido en su interior más profundo. Tal vez razonaron que solo necesitarían hacer vivir su memoria después de su muerte. Simplemente no lo sabemos. Ellos se sorprendieron por la realidad del sepulcro vacío, una realidad que sigue siendo igual de impactante hoy. Nuestra meditación sobre este relato de la resurrección nos ayuda a centrarnos en nuestra propia duda y nuestra necesidad de creer en la resurrección cada nuevo día de nuestras vidas. ¡Él vive!

Oración

En Pascua podemos orar con san Pablo la oración que compartía con la iglesia que fundó entre los filipenses. Esta oración se puede encontrar en Filipenses 3:10–11: «Lo que quiero es conocer a Cristo, sentir en mí el poder de su resurrección y la solidaridad en sus sufrimientos; haciéndome semejante a él en su muerte, espero llegar a la resurrección de los muertos».

Contemplación

La fe bíblica es la culminación de tres partes separadas, pero igualmente importantes. Primero hay conocimiento. Entonces hay creencia. Finalmente, hay confianza. En este relato de la resurrección María, Pedro y Juan fueron avanzando en estas tres etapas. Ahora tenemos que pasar por estas tres etapas nosotros mismos.

El Dr. Billy Graham resumió esta verdad con una historia sobre un hombre que podía andar en bicicleta en una cuerda floja sobre las cataratas del Niágara. Tú ves el anuncio así que conoces el acontecimiento. Conoces el acontecimiento así que asistes y ves con asombro como se logra la hazaña. Ahora crees, pero ¿tienes confianza? No, insistió el Dr. Graham, hasta que se te invita a subir al manillar y montar a través de las cataratas con el equilibrista mismo. Si aceptas la invitación comienzas a entender el concepto de la fe bíblica. Ese es el elemento de confianza que nos lleva a la verdadera fe. Pedro y Juan vieron y creyeron y su mensaje cambió el curso de la historia.