Introducción

Hebreos 12:12–29: en la lectura para hoy, la imagen del monte Sinaí se contrasta con la del monte Sión y la Jerusalén celestial, donde las personas vienen a Jesús, quien ha establecido el nuevo pacto entre Dios y su pueblo. El capítulo concluye con palabras de ánimo y un recordatorio de que el reino de Dios no puede ser conmovido.

Versículo bíblico para hoy: Hebreos 12:28b DHH

Demos gracias por esto, y adoremos a Dios con la devoción y reverencia que le agradan.

Lectura

12 Así pues, renueven las fuerzas de sus manos cansadas y de sus rodillas debilitadas, 13 y busquen el camino derecho, para que sane el pie que está cojo y no se tuerza más.

14 Procuren estar en paz con todos y llevar una vida santa; pues sin la santidad, nadie podrá ver al Señor. 15 Procuren que a nadie le falte la gracia de Dios, a fin de que ninguno sea como una planta de raíz amarga que hace daño y envenena a la gente. 16 Que ninguno de ustedes se entregue a la prostitución ni desprecie lo sagrado; pues esto hizo Esaú, que por una sola comida vendió sus derechos de hijo mayor. 17 Y ustedes saben que después, cuando quiso recibir la bendición de su padre, fue rechazado; y aunque lloró mucho, ya no hubo remedio para lo sucedido.

18 Ustedes no se acercaron, como los israelitas, a algo que se podía tocar y que ardía en llamas, donde había oscuridad, tinieblas y tempestad; 19 ni oyeron el sonido de la trompeta ni la voz de Dios. Los que oyeron esa voz rogaron que no les siguiera hablando, 20 porque no podían soportar el mandato que decía: «Al que ponga el pie en el monte, hay que matarlo a pedradas o con lanza, aunque sea un animal.» 21 Tan espantoso era lo que se veía, que el mismo Moisés dijo: «Estoy temblando de miedo.»

22 Ustedes, por el contrario, se han acercado al monte Sión, y a la ciudad del Dios viviente, la Jerusalén celestial, y a muchos miles de ángeles reunidos para alabar a Dios, 23 y a la comunidad de los primeros hijos de Dios inscritos en el cielo. Se han acercado a Dios, el Juez de todos, a los espíritus de los hombres buenos que Dios ha hecho perfectos, 24 a Jesús, mediador de una nueva alianza, y a la sangre con que hemos sido purificados, la cual nos habla mejor que la sangre de Abel.

25 Por eso tengan cuidado de no rechazar al que nos habla. Pues los que rechazaron a Dios cuando él les llamó la atención aquí en la tierra, no escaparon. Y mucho menos podremos escapar nosotros, si le damos la espalda al que nos llama la atención desde el cielo. 26 En aquel tiempo, la voz de Dios hizo temblar la tierra, pero ahora dice: «Una vez más haré temblar no sólo la tierra, sino también el cielo.» 27 Al decir «una vez más», se entiende que se quitarán las cosas creadas, lo que puede ser movido, para que permanezca lo que no puede moverse. 28 El reino que Dios nos da, no puede ser movido. Demos gracias por esto, y adoremos a Dios con la devoción y reverencia que le agradan. 29 Porque nuestro Dios es como un fuego que todo lo consume.

Reflexiona

¿Qué instrucciones se dan en los versículos 12–17? ¿Cómo impactan estas instrucciones sobre vivir como pueblo de Dios en la vida dentro de una comunidad de fe? La «Jerusalén celestial» es llamada «la ciudad del Dios viviente» (versículo 22), también mencionada en la lectura del 1 de junio (11:10, 16). Es el lugar celestial donde quienes son fieles a Dios estarán con él para siempre. Vuelve a leer los versículos 22–24. ¿Cómo imaginas lo que se describe allí?

Ora

Señor Jesús, tú eres digno de toda honra y alabanza. Tu reino no puede ser conmovido. Ayúdame a caminar en paz y amor con quienes me rodean, confiando en las promesas de tu reino. Guíame en este día, para que finalmente llegue al gozo y a la comunión de tu ciudad celestial. Amén.

Lectura para mañana

Hebreos 13:1–25: Los cristianos son animados a seguir amándose unos a otros.